Disfruta de las Lágrimas de San Lorenzo en la #SierraNorteDeMadrid<span class=2 min read" class="img-responsive" />

Venga a disfrutar de un espectáculo natural único, contémplelo con calma y, por si acaso, tenga preparado un deseo. Quizás haya suerte y se le aparezca una estrella fugaz con la que probar fortuna. Las perseidas o lágrimas de San Lorenzo tienen cita, como cada año, en las madrugadas de mediados de verano, siendo la del 12 al 13 de agosto el plato fuerte para observarlas si se cumplen las condiciones adecuadas.

El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) anuncia que la mayor probabilidad para encontrarnos con este fenómeno se dará entre la medianoche y las 3.00 horas de la madrugada del día 13, toda vez que su radiante, localizable en la constelación de Perseo (dirección noreste), aparezca en el horizonte sobre las 23.30 horas de mañana. Será entonces cuando los minúsculos restos del cometa Swift-Tuttle, que entran en contacto con la atmósfera a gran velocidad provocando su evaporación y posterior brillo por su elevada temperatura, puedan ser más visibles, estimándose la aparición de 100 meteoros por hora. Es lo que popularmente se conoce como lluvia de estrellas. Tras esa franja horaria, la intensidad decae hasta el amanecer del día 13, a las 7.30 horas aproximadamente, dependiendo de donde se encuentre el observador.

Este año, además, cuenta desde el 10 de agosto con la presencia de la súper luna, una luna llena un 14 % más grande y un 30 % más brillante que otras, según explica la página web de la NASA, cuya luminosidad perjudica el avistamiento de las estrellas fugaces. “Esto provocará que no se vean los meteoros más débiles, sino los más brillantes”, afirma Alfred Rosenberg, astrofísico y divulgador de IAC. Este hecho, que sucede cada tres años, supondrá un reto y un espectáculo.

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“En su observación, influyen factores como la cantidad de restos del cometa y su dispersión, lo que provoca que haya más o menos estrellas fugaces”. Rosenberg destaca que, en tal caso, para vislumbrarlas lo mejor es alejarse de la contaminación lumínica (a más oscuridad, mejor) y otear el cielo despejado en busca de la constelación de Perseo. Y cuanto más arriba mire, más opciones tiene de encontrarse con una.

“Es importante llevar una toalla o esterilla para tumbarse, ropa de abrigo y un termo con bebidas calientes, pues, aunque sea verano, por la noche refresca y pueden producirse hipotermias”, señala Pablo González de Prado, biofísico de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y miembro de la Agrupación Astronómica Antares, también en Madrid. Otro aspecto clave es la actitud. “Lo suyo es aprovechar la excusa y tumbarse a ver el cielo, como mucho con prismáticos; y que, de vez en cuando, aparezca el premio de la estrella fugaz”.

Fuente: El País