La economía social, un modelo de gobernanza para la Unión Europea<span class=11 min read" class="img-responsive" />

La economía social representan a 2 millones de empresas (es decir, 10% de todas las empresas europeas) que dan trabajo a 14 millones de trabajadores por cuenta ajena (el equivalente a 6,5% de la población activa en la UE).

De ellos, el 70% trabajan en asociaciones sin ánimo de lucro, el 26% en cooperativas y el 3% en mutuas. Estas empresas son de todo tipo y tamaño, desde PYMES a
empresas internacionales, y están presentes en todos los sectores de actividad.
Las principales familias de la economía social (cooperativas, fundaciones, mutuas y asociaciones) son organizaciones creadas por ciudadanos con la intención de servir al interés general de la comunidad, basadas en la gestión democrática y en procesos participativos en la toma de decisiones.

En Europa 160,000 empresas cooperativas agrupan a 123 millones de miembros y proporcionan trabajo a 5,4 millones de ciudadanos europeos. Existen cooperativas en todas las áreas de actividad económica aunque predominan particularmente en la agricultura, en la intermediación financiera, el comercio y la vivienda, y como cooperativas de trabajo asociado en el sector industrial, la construcción y en servicios. Las mutuas sociales y sanitarias ofrecen asistencia y cobertura a más de 120 millones de personas.

Las mutuas aseguradoras abarcan un 22,7% del mercado. Las asociaciones suponen más
del 4% del PIB y una tasa de afiliación del 50% de ciudadanos de la Unión Europea. La economía social es una escuela de pensamiento que abarca la economía, el mercado interior
y la reflexión social. Como estipula el Acta de Mercado Único, “la economía social y las empresas sociales son agentes clave para proporcionar innovación social, inclusión y confianza. Para potenciar la confianza en el Mercado Único y fortalecer la economía social de mercado se necesitan empresas responsables e innovadoras que sean capaces de tener un impacto positivo en la sociedad y el medioambiente”. Es precisamente por su impacto positivo en la sociedad, el medioambiente y las comunidades por lo que las instituciones de la UE la reconocen como un actor clave en la aplicación de la Estrategia Europa 2020 y el objetivo del Acta de Mercado Único que establece ‘una economía social de mercado competitiva’. Estas condiciones – la promoción de una ciudadanía activa, la inclusión y la confianza – son esenciales para mejorar el capital social de nuestra sociedad.

SOCIAL ECONOMY EUROPE considera que las raíces de la reciente crisis también se encuentran en un problema de gobernanza y en el predominio de las preocupaciones estrictamente económicas sobre los objetivos humanos, sociales y medioambientales. Aunque la dimensión social se encuentra entre los pilares principales de la UE, esta se ve desafiada por la crisis y la necesidad de promocionar políticas de crecimiento para fomentar la creación de empleo y la inversión en política social. La economía social puede jugar un papel importante en el desarrollo de la política europea y en corregir estas desigualdades y desequilibrios porque su modelo de gestión se organiza en base a la democracia, la distribución igualitaria de las ganancias y la reinversión en los intereses de la comunidad. Más aún, puede ofrecer soluciones a asuntos económicos y sociales, cubriendo las necesidades y expectativas de un gran número de personas. Es este enfoque humano, donde priman las personas y el medioambiente sobre los beneficios, lo que debería formar el núcleo de los principios de gobierno de la UE.

Las elecciones europeas de 2014 suponen una gran oportunidad para llevar a cabo acciones que aprovechen el potencial de la economía social para hacer frente a los retos significativos de nuestra sociedad. En este sentido, el Parlamento Europeo y otras instituciones de la UE juegan un papel decisivo para garantizar que tales demandas sean escuchadas y reconocidas por las instituciones europeas y que se vean reflejadas en políticas europeas que cumplan con las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos europeos.

SOCIAL ECONOMY EUROPE insta por lo tanto a las instituciones europeas a:

  1. Establecer un nuevo Intergrupo de Economía Social del Parlamento Europeo. Este Intergrupo del Parlamento Europeo es un foro importante para el diálogo cuyo objetivo es fomentar el intercambio entre diputados europeos, actores de la economía social, responsables de la Comisión Europea, los representantes de la sociedad civil y otros agentes relevantes de las políticas y legislación europea en relación a la economía social. Desde 1990, el Intergrupo de Economía Social ha proporcionado información actualizada sobre política y legislación europea relacionada con la economía social y ha jugado un papel relevante en el proceso democrático de la UE. En la última legislatura, las reuniones permanentes del Intergrupo contribuyeron al trabajo de importantes informes del Parlamento Europeo sobre economía social, incluyendo al trabajo de los eurodiputados H. Becker, S. Giegold y P. Toia. Además, el Intergrupo avivó la cooperación entre instituciones; por ejemplo en trabajos de elaboración de los dictámenes del Comité Económico y Social Europeo, como fue “Emprendimiento social y empresa social”, de la informadora Ariane Rodert.
  2. Mantener y promover dentro de la Comisión Europea una unidad dedicada o un departamento transversal para la economía social. La Comisión aborda la economía social como un tema transversal en varias de sus Direcciones Generales. Dentro de la Dirección General “Empresa e Industria”, la unidad D/1 “Iniciativa Empresarial y Economía Social” sólo cubre parcialmente los asuntos de la economía social. La Dirección General “Mercado Interior y Servicios” integra la economía social en el contexto de su trabajo “Entorno Empresarial”, más específicamente en la “iniciativa para la empresa social”, y en Fondos para la Inversión, en particular los Fondos para la Inversión Social. La Dirección General de “Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión” trabaja sobre temas relacionados con la economía social en el marco de la “iniciativas para Europa 2020” y en la organización de la plataforma europea contra la pobreza. SEE considera que la variedad de conceptos y los distintos marcos que usan las distintas Direcciones Generales para promocionar la economía social se solapan y son una fuente de confusión.
  3. Presentar y avanzar por una “Hoja de Ruta” clara hacia la creación de estatutos europeos para la fundaciones, mutuas y asociaciones. Principalmente, la economía social permite combinar eficiencia económica y beneficios sociales directos para las personas y la comunidad. A diferencia de otras formas de empresa (es decir, de empresas cotizadas) anteponen a las personas y permiten tan sólo una distribución limitada de las ganancias a la vez que fomentan su gobierno democrático. Se debería permitir que las empresas de economía social operen en el mercado interior en igualdad de condiciones que las demás formas de empresa. La economía social sólo podrá prosperar y desarrollar todo su potencial si se implanta un marco legal a nivel europeo con las condiciones políticas, legislativas y operativas adecuadas para todas la familias de la economía social; es decir, para cooperativas, mutuas, asociaciones y fundaciones.
  4. Definir un Plan Europeo de Acción para el desarrollo de las empresas de economía social. Social Economy Europe se propone trabajar junto a las instituciones de la UE para definir un Plan Europeo de Acción para el desarrollo del sector de la economía social, promocionando la economía social y las empresas de economía social y optimizando la política europea para ofrecer claridad al sector de la economía social. Este Plan de Acción permitirá participar a los agentes de la economía social en la definición de políticas de la UE que tengan impacto sobre la creación de empleo, la iniciativa empresarial, la cohesión social, el desarrollo territorial, la inclusión social y el desarrollo empresarial.

A día de hoy, la economía social se encuentra en una encrucijada. El emprendimiento social, como parte de la economía social, ha sido un tema de relevancia entre las iniciativas lanzadas por la Dirección General “Mercado Interior y Empresa” para fomentar una “economía social de mercado muy competitiva”. La Comisión ha decidido colocar a la economía social y a la innovación social en el centro de sus preocupaciones, tanto en términos de cohesión territorial como en la investigación de soluciones innovadoras para los problemas de la sociedad, especialmente en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.
Más aún, actualmente se está prestando especial atención en medir el impacto de la empresa social para demostrar su valor en la recuperación económica y el rediseño social.

Aunque esta iniciativa suponga dar varios pasos adelante en cuanto al reconocimiento del papel que juega la economía social, existen varios riesgos:

  • El riesgo de trivializar la empresa social. El concepto de que cualquier empresa pueda reclamar ser una empresa social es un peligro que devalúa nuestro trabajo.
  • El peligro de medir la efectividad y eficacia de las empresas sociales centrándose sólo en resultados cuantitativos inmediatos, en vez de centrarse en el impacto sobre la persona, la sociedad y el medioambiente.
  • La tendencia hacia la privatización de los servicios públicos y la perspectiva de que el mercado y la iniciativa privada puede solucionar todos los problemas sociales.

SOCIAL ECONOMY EUROPE insta a las instituciones europeas a:

  1. Garantizar que se aplique una metodología adecuada y con sentido para la medición del impacto social, que incluya los intereses de los actores de la economía social, las autoridades públicas, los beneficiarios y los agentes financieros clásicos. La evaluación y medición del impacto social debería servir, en primer lugar, para justificar la relevancia interna y externa que tienen las acciones de las empresas sociales para una variedad de agentes (usuarios, autoridades públicas, empleados, proveedores de fondos, etc.). En segundo lugar, medir el impacto social implica mitigar el riesgo que supone comparar indicadores y centrarse en el rendimiento extra-financiero: en particular, análisis cualitativos y sociales como son la utilidad social, la rentabilidad social sobre la inversión, las externalidades positivas y el gobierno democrático. En tercer lugar, se debería medir y evaluar el impacto social no sólo a nivel micro, sino también a nivel macro y a nivel social.
  2. Garantizar que se promueva la innovación social de tal forma que se mejoren los servicios y se ofrezcan soluciones adaptadas a las necesidades de la sociedad. Se debería prestar mayor atención a tener un propósito social global que beneficie a la sociedad en general para fomentar la inclusión social lo máximo posible. Además de esto, se debería considerar que la innovación social no sólo se caracteriza por los problemas que pretende resolver y los resultados que consigue, sino también por su “proceso”. Por tanto, es importante asegurarse de que las soluciones innovadoras nacen de procesos participativos y democráticos. La economía social tiene gran experiencia que aportar ofreciendo soluciones innovadoras y sostenibles para la sociedad.
  3. Apoyarse en los buenos ejemplos y prácticas de Responsabilidad Social Corporativa de la economía social, en el conocimiento de que los emprendedores de la economía social son responsables en todos los aspectos de su actividad empresarial. Las empresas de la economía social integran lo social y lo económico con el respeto por el medioambiente y los principios de buen gobierno e inclusión. Las empresas de la economía social deberían ser una fuente de buenas prácticas en cuanto a la RSE y una referencia en la aplicación de las políticas europeas a este respecto.
  4. Incrementar la participación de los actores de la economía social en la programación e implementación de los Fondos Estructurales 2014-2020. Dadas sus características, las organizaciones de la economía social están asentadas en los territorios y entienden las necesidades locales de desarrollo. Por tanto, contribuyen a las estrategias actuales de desarrollo, lo cual contribuye a la inclusión y cohesión social. Las Instituciones Europeas han incluido en el nuevo programa de los fondos estructurales la prioridad de apoyo a la empresa social a partir de 2014. Son los Estados Miembros los que decidirán la forma de implementar dicha financiación. Por tanto, es crucial garantizar un enfoque de abajo a arriba en la que participen todos los actores clave, y en especial los actores de la economía social, para poder cumplir las expectativas de crecimiento inclusivo, sostenible e inteligente de la estrategia Europa 2020.

Social Economy Europe, Memorandum Elecciones europeas 2014.