Prádena del Rincón
Prádena del Rincón es un pequeño municipio situado en plena Sierra del Rincón, en el norte de la Comunidad de Madrid, y declarado en 2005 parte de la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón. Su casco urbano conserva un excepcional patrimonio arquitectónico, con calles estrechas adaptadas a la ladera y casas bajas de piedra. Entre sus edificios destaca la Iglesia de Santo Domingo de Silos, de estilo románico-mudéjar.
Los primeros indicios de presencia humana en su entorno se remontan a la Edad del Bronce, y su repoblación definitiva llegó tras la reconquista de Toledo en 1085, cuando pastores castellanos y segovianos se asentaron en la zona bajo la Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago.
Prádena del Rincón tiene una superficie de 22,48 km² y se encuentra a 1.104 m de altitud, a unos 92 km de Madrid capital. Limita con los municipios de Madarcos, La Hiruela, Puentes Viejas, Puebla de la Sierra y Montejo de la Sierra. Buena parte de sus viviendas son antiguas cuadras y casas de piedra rehabilitadas que han conservado su esencia original.
Desde el año 2005, Prádena del Rincón forma parte de la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón, declarada por la UNESCO junto con Montejo de la Sierra, La Hiruela, Horcajuelo de la Sierra y Puebla de la Sierra.
Su término municipal, salpicado de robledales y pastizales de montaña, conserva uno de los paisajes mejor preservados del norte de Madrid.
A poca distancia del casco urbano se encuentra la Laguna del Salmoral, un estanque artificial de principios del siglo XX que hoy actúa como humedal y refugio para numerosas especies vegetales y animales, con un pequeño Jardín de Rocas junto a su orilla.
Qué visitar
Iglesia de Santo Domingo de Silos
Levantada durante la repoblación de los siglos XII y XIII, combina el estilo románico rural con elementos mudéjares. Destaca su ábside semicircular y su pórtico orientado al norte, considerado uno de los mejor conservados de toda la Comunidad de Madrid. Bajo el templo se descubrió una necrópolis medieval con cerca de un centenar de tumbas excavadas en la roca, además de tallas góticas halladas durante su restauración.
Casco histórico y entorno natural
Sus calles, adaptadas a la ladera sobre la que se asienta el pueblo, conservan una fuente de granito del siglo XVIII, un antiguo potro de herrar y el edificio del antiguo ayuntamiento. A poca distancia, la Laguna del Salmoral y su pequeño Jardín de Rocas invitan a un paseo tranquilo junto a un humedal lleno de vida.
Gastronomía
La matanza del cerdo constituía una rica y abundante despensa para todo el año. La carne de ternera que proporcionan nuestros pastos es muy apreciada.
Actualmente hay vecinos del lugar que se dedican a el ahumado de carnes y pescados con un resultado muy logrado.
Historia
Los primeros rastros de presencia humana en Prádena del Rincón se remontan a la Edad del Bronce, cuando pastores trashumantes recorrían la sierra en busca de pastos y refugio en sus cuevas. Tras la conquista cristiana de Toledo en 1085, la repoblación de la comarca se intensificó con pastores castellanos y segovianos organizados bajo la Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago, y durante los siglos XII y XIII el núcleo de Prádena tomó forma como aldea dependiente de Buitrago del Lozoya.
Su economía giró siempre en torno a la ganadería ovina, los montes comunales y la producción de carbón vegetal. El Catastro de Ensenada de 1751 registró apenas 27 vecinos en la aldea. En 1833, la reforma territorial de Javier de Burgos incorporó definitivamente Prádena del Rincón a la provincia de Madrid, tras siglos ligada administrativamente a Guadalajara.
El éxodo rural del siglo XX redujo drásticamente su población, pero desde los años 80 y 90 el auge del turismo rural, la rehabilitación de sus casas tradicionales y su integración en la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón en 2005 han convertido a Prádena en un modelo de desarrollo sostenible en plena naturaleza.
Arquitectura
La arquitectura tradicional, al igual que otras manifestaciones populares, es un elemento que forma parte de la propia identidad de los pueblos, de lo que han sido y de lo que son.
Así, todo el pueblo constituye un ejemplo de la arquitectura típica serrana: calles estrechas, casas bajas de piedra, corrales, hornos y huertos para consumo propio.
Adaptada a las necesidades de una sociedad rural, escasa de comodidades y sobria de costumbres, la vivienda rural tradicional respondió durante siglos con soluciones sencilla e ingeniosas, a las necesidades de las personas que en ella habitaban. Casa sobrias de aspecto tosco, pero con una excepcional adaptación al clima usando para ello los materiales puestos al alcance de la mano por la naturaleza.
De dos plantas, muros de piedra con adobe y sin enfoscar, ventanas pequeñas para proteger al interior del frío. Tras el portal, en la planta baja la cocina, la cuadra y el horno de leña (en el que se utilizaba normalmente encina). En la planta superior una sala con dos habitaciones forma la estructura básica de la vivienda tradicional serrana.





